8. Sus hijos no son mis hijos pero los quiero

Cuando el dolor no es solo por la pérdida de la pareja sino también por unos hijos que, aun no siendo tuyos, los quieres como tales

Anuncios
Este es el email que escribí a los dos hijos mayores de mi marido cuando dimos por finalizada la convivencia en mi casa.

13/12/2014

Vuestro padre se acaba de ir de casa con sus cosas. Es un momento terriblemente doloroso para todos. Me he visto obligada a tomar esta decisión por el carácter de vuestro padre. Creo que no hace falta que os explique más pues conocéis perfectamente sus reacciones y maneras que, por otro lado, habéis sufrido también vosotros mismos.

He intentado por todos los medios no llegar a esta situación pero me he visto incapaz de hacerle ver que existen otras formas de comunicarse diferentes a las que él utiliza y que no son dañinas. Por mí y por mis hijas, que no quiero que vivan en un ambiente de tensión diaria, tomo esta decisión que me parte en dos pues aún le quiero, nunca he dejado de quererlo y creo que nunca lo haré.

Detrás de esa coraza de rencor y mal genio hay un ser maravilloso al que pocas veces nos permite llegar.  Y si se encierra lo hace por miedo. Toda su agresividad es pura inseguridad en si mismo. Lleva muchos años tapando con ira lo que en realidad le asusta. Le asusta el futuro de vuestra hermana y le asusta terriblemente no saber comunicarse con vosotros. Le asusta reconocer que como padre os ha fallado. Le asusta también verse solo y paradójicamente, el mismo lo ha provocado..

Se que vosotros también sentís un tremendo dolor por vuestra situación familiar y que sentís que no es un padre en el que podáis confiar y entenderos. Que sentís su presencia como una amenaza en lugar de como una protección. A pesar de ello, creerme por favor cuando os digo que vuestro padre os quiere. Conmigo ha llorado por no saber como llegar hasta vosotros de otro modo y hacer que percibáis todo su cariño. Aunque su inseguridad le haga mostraros su cara más amarga, creerme que es defensa y no despecho.

Os pido por favor que también vosotros hagáis un esfuerzo ahora por apoyarlo. Está en sus días mas oscuros. Ayer noche lloró abrazado a mi diciéndome que siente profundamente todo el dolor que me ha causado, que nunca ha querido y sentido como lo ha hecho conmigo, que está perdido y sin rumbo, que está muerto de miedo del futuro…Que nunca se va a poder perdonar el haberme perdido.

Se que todo esto que dice es sincero y que su mayor horror es el darse cuenta que él mismo ha causado su propio dolor al causar el mío…Está en un punto en el que ya no hay rencor hacia mi sino mucho sufrimiento por darse cuenta de la responsabilidad de sus actos dañinos. Tengo la esperanza de que este momento sea un punto de inflexión en su vida y de que a partir de esto sea capaz de desmontar sus corazas, reconocer sus errores y empezar a funcionar de otro modo. También con vosotros. Por eso es pido que estéis receptivos. Que hagáis un esfuerzo por ver más allá de sus corazas. Que lo arropéis en su dolor y en su angustia…Es también una oportunidad para vosotros aprovechar este momento para empezar a construir otra relación entre vosotros. Dejar de lado también vuestro miedo a mostraros como sois y decirle que como padre os ha fallado. Decírselo a la cara porque necesita oírlo, pero acabar la frase diciéndole que a partir de ahora vais juntos a empezar a construir.

Me preocupa mucho vuestra hermana. Para ella estar en mi casa era un remanso de paz y valoraba muchísimo la relación conmigo y con las niñas. Ahora tendrá que adaptarse a otro entorno pero va a necesitar mucho cariño para superar esta perdida. Vosotros sois los que mejor podéis compensar su dolor. El teneros cerca se lo hará todo más llevadero. Ella os quiere mucho aunque le cueste expresarlo y aunque a veces ella misma sea muy pesada y no la comprendamos. Pensar que dispone de muy pocos recursos y ahora va a vivir una tormenta…va a necesitar mucho, mucho cariño. No culpéis a vuestro padre de hacerle esto a vuestra hermana pues ya se culpa él mismo. Demostrarle vuestro apoyo también con ella y será otra oportunidad más de construir.

También quiero deciros que contéis conmigo para todo. No es una frase hecha es un hecho !. Por favor llamarme siempre que queráis. A mi me gustaría acompañaros, en la medida que vosotros consideres, en este momento que también os perturba y afecta a vuestra vida. Me da mucha pena no volver a veros y me encantaría que os sintierais libres para mandarme un mensaje y decirme que venís a comer o a cenar. Mi casa siempre seguirá abierta para vosotros. Y yo también siempre estaré aquí para escucharos, aconsejaros y daros mi cariño.

Ojalá que en un tiempo podamos con vuestro padre recolocar este inmenso dolor y empezar de nuevo a construir y a compartir.

Por favor no dudéis que siempre estaré con vosotros, siempre que queríais.
Un abrazo muy fuerte esperando veros pronto.

Sigue leyendo mi novena entrada de Blog: Mi encantador infiel, manipulador, mentiroso-compulsivo

7. Aquella carta que quedó sin respuesta

No hay mayor dolor que ofrecerlo todo y recibir silencio como respuesta

Esta es la carta que envié por email a mi marido después de dos semanas sin hablarme. y ni siquiera me contestó

11 de Noviembre de 2014

Sentada en el AVE pienso en ti. Si pudiera hablarte lo primero que te diría es que te quiero. Siempre te quiero, incluso en estos difíciles momentos. Si te escribo no es solo por mi necesidad de sacar todo lo que llevo dentro sino fundamentalmente porque sé que lo estás pasando mal, muy mal, tanto o más que yo. Sé que te gustaría hacer las cosas de otro modo y que el amor que sientes por mi, que es real y sincero, no lo consigue. No es culpa tuya, cariño, y no te quiero menos por eso.

Estoy preocupada, SI, profundamente preocupada pues me doy cuenta que tu y yo solos no conseguimos que episodios como estos, que son profundamente destructivos, no se reproduzcan. La última vez que pasamos por una situación parecida, la Semana Santa pasada, te dije que en otoño tendríamos otra “crisis” porque desde que estamos juntos cada cierto tiempo esta dinámica se repite.

No te lo recuerdo ni mucho menos para echártelo en cara sino simplemente para constatar que aquí estamos otra vez, intentando superar algo que ambos conocemos y que nos desborda. Y ¿sabes? No puedo quedarme quieta y callada. No lo he hecho antes ni lo voy a hacer ahora, cuando veo como una vez más la ilusión se diluye, lo compartido desaparece y lo construido con tanto esfuerzo se desmorona.  Aunque ahora estés detrás de un muro, no olvido como eres y cuanto te quiero por ello.

Sé que tu tampoco quieres perder esta batalla porque eres inteligente, potente y sensible y compartes en el fondo de tu alma lo que ahora te escribo. Lo que tienes que comprender, de una vez por todas, es que esto que te ocurre no es culpa tuya y que no es solo tu “lucha personal”, es también mi vida, mi reto, mi batalla y mi anhelo. No es cuestión de sentirte mal sino de sentirte valiente para reconocerte a ti mismo que algo que llevas haciendo quizás toda tu vida, que has interiorizado  y adoptado como propio (como un recurso para gestionar tu estrés, tus tensiones, tus desilusiones, tus frustraciones y tu dolor) es emocionalmente muy dañino.

Ese es el punto de partida y yo estoy contigo.Después tienes que creer que hay otras formas de gestionar las emociones y que la infelicidad y el vacío  que ahora sientes no se deriva de los problemas sino del bloqueo emocional al que te sometes. Tienes que creer que la falta de comunicación, el silencio, el desprecio, el encerrarse y el estar a la defensiva o atacando, jamas soluciona nada en una relación. Muy al contrario, todo eso conduce al fracaso y a la desvalorización  de las personas. Y muy importante, tienes que creer que no hay nada que no se pueda arreglar si tu quieres, pero si hay mucho que perder y mucho dolor que causar si no reaccionas. Y no pienso solo en nosotros dos sino también  en nuestros hijos. No te olvides de que no vivimos esta aventura en solitario y que nuestra responsabilidad de adultos es el no hacerlos sufrir y mantenerlos al margen.

Y ¿ como hacerlo? ¿Qué tal si empezamos por no decir nada?. Sabes que un abrazo es suficiente para volver a encontrarnos una semana atrás. Después, déjame estar a tu lado para juntos trabajar en esta realidad que tenemos. Tu para desaprender lo aprendido y buscar nuevas formas de gestión de las emociones que no te lleven al aislamiento sino a confiar en mí,  y yo para aprender a apoyarte en el proceso y acompañarte. Quizás no sea fácil pero es posible. Yo siento la fuerza, la ilusión y la voluntad para hacerlo. ¡¡ Y tu también !!….quizás no lo sientas ahora (la fuerza, la ilusión y la voluntad) pero NO DUDES EN NINGÚN MOMENTO de que las tienes. Mira dentro de ti porque ahí están.

Te quiero mucho

Sigue leyendo mi octava entrada de Blog : Sus hijos no son mis hijos pero los quiero

1. Cuando se rompió la convivencia

El maltrato psicológico o emocional va siempre en aumento. Evoluciona del “de vez en cuando” a frecuente y permanente. Hasta que decides romper la convivencia.

Hace dos años y medio nos separamos. Por aquel entonces él vivía en mi casa con la hija que tuvo en su primer matrimonio. La convivencia nunca fue fácil porque él siempre tuvo un carácter irascible y llevaba años sin convivir con sus hijos. De vez en cuando se enfadaba pero otros días estaba contento y relajado. Progresivamente los días buenos fueron desapareciendo hasta que la convivencia se volvió imposible. Su agresividad verbal era mayor ejerciéndola incluso delante de mis tres hijas.

Lo que me hizo plantearme echarle de casa fue que estuvo dos semanas enteras sin hablarme. El detonante fue que una noche se había acabado el pan bimbo. Montó en cólera. Me mandó ” a tomar por culo” y se levantó de la mesa donde estábamos todas cenando. Intenté hablar con él. Le dije que aquello no podía ser. Que no podía reaccionar así y que no estaba dispuesta a tolerar esa actitud hacia mi y mucho menos delante de mis hijas.

 

 

Enfrentarme a él hizo que me castigara con el silencio y la evitación durante las dos semanas siguientes. No era la primera vez que me maltrataba de ese modo pero si fue la vez que más se prolongó en el tiempo. Cada mañana le daba los buenos días y él ni me miraba ni por supuesto contestaba. Tampoco cuando regresaba a casa por las noches. Mis ¿Cómo estás, cómo ha ido el día, podemos hablar? no tenían respuesta. Opté por escribirle un email. En el mensaje le decía que lo que le ocurría no era normal. Que necesitaba ayuda psicológica y que yo estaba dispuesta a estar a su lado y a acompañarlo en el proceso. Le decía que le quería y que no me importaba ni el esfuerzo ni el tiempo que nos llevara conseguir apaciguar su mal carácter…pero que había que hacer algo pues así yo no quería vivir. Mientras tanto hablé de lo que ocurría con su familia. Buscaba su apoyo, su comprensión y su consejo.

Mi email no tuvo respuesta. Le di un margen de dos días para reaccionar pero nada…Así que me presenté delante de él y le dije que si no estaba dispuesto a hablar de lo ocurrido, que ya podía coger sus cosas y salir de mi casa. Entonces si reaccionó. Me miró y me dijo que era yo la que no quería hablar. Pensé que me estaba volviendo loca o que realmente me tomaba por una auténtica estúpida. En realidad no era ni una cosa ni la otra. Buscaba desestabilizarme con la incoherencia de su actitud y respuesta.

Aquello para mi fue demasiado. Por suerte llevaba más de un año en terapia (a la que acudí en un intento desesperado por conseguir ser más tolerante con el “carácter complicado” de mi marido y aprender a relajarme en los momentos complicados) y tuve la claridad mental para ver la manipulación de los hechos y el abuso.

Hablamos de separarnos. Yo tenía claro que con esa actitud de “a mi no me pasa nada” no seguía. Él pareció tomar las riendas y me dijo que era él el que no quería seguir con una mujer tan sensible, así que iba a hablar con sus otros dos hijos para irse a vivir con ellos y la niña (que vivía con noostros) y que lo haría en las siguientes dos semanas. Yo hablé con mis hijas y mis padres. Les dije que nos separábamos. Afronté lo que estaba ocurriendo.

Los días pasaban y cuando se acerco la fecha para su marcha le pregunté si ya tenía todo organizado. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que no pensaba irse, que no había hablado con sus hijos ni siquiera había buscado casa…él confiaba en que lo arreglaríamos. Sentí como si hubiera estado jugando al poker conmigo. Se marco el farol de “soy yo el que me voy” para después no tener ninguna carta.

Pero el día convenido se fue de casa porque yo tenía muy claro que sin que se sometiera a una terapia no seguía. Pasamos las Navidades separados pero nos vimos, hablamos y él parecía totalmente arrepentido. Estaba adorable, cariñoso, atento, cordial….Dijo que haría lo que hiciera falta para salvar nuestro matrimonio, que se había comportado mal, que le ayudara en el proceso de cambiar sus actitudes, que me quería como a nadie había querido, que por mi se había transformado en otro hombre, que aunque aún le quedaban muchas cosas por mejorar, conmigo estaba cambiando….

Así que volví a confiar en él. Me agarré como una posesa a ese cambio de actitud. Por primera vez reconocía que necesitaba terapia y había esperanza. Nos fuimos a hacer un viaje que ya teníamos planeado y decidimos que a la vuelta cada uno seguiría en su respectiva casa pero que íbamos a trabajar por reconstruir nuestra relación. Por supuesto el viaje fue estupendo. Volvía a ser el hombre del que me enamoré.

Empezó entonces nuestra etapa de separados – que ha durado dos años y medio- bajo la fórmula que comúnmente se conoce como “living apart together”. Cada uno en su propia casa y con sus respectivos hijos pero como pareja y haciendo terapia.

Sigue leyendo mi segunda entrada del blog: “Dos años y medio intentando un imposible”