12. Cuando tomas perspectiva

870a36cc5272759b0783ea04f55041b1En este tiempo me he seguido reconstruyendo. Siempre me propuse salir adelante. Siempre supe que no iba a rendirme para volver a ser la que YO era antes de que me arañaran el alma.

He hecho varias terapias, cada una complementando a la otra. Todas me han ayudado a comprender lo ocurrido, a revisar mi pasado, a reconocer mis emociones, a saber que YO soy mucho más que una emoción y que por dolorosa que esta sea, pasará.

He hecho Sofrología, acupuntura y hago semanalmente yoga.

He aprendido a perdonarme, a no juzgarme duramente, a valorarme por todo lo sufrido y a sacar fuera de mi el rencor y la rabia. No he olvidado ni disculpado pero si he perdonado. Vivo en paz, feliz, tranquila, ilusionada, optimista. Vuelvo a ser yo.

En este tiempo he contado con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Aunque ellos no saben todo por lo que he pasado  (porque prefiero evitarles sufrimiento sobre cosas que además no se pueden cambiar) aún sin saberlo todo, siempre han estado allí.  Mi familia y mis amigos han sido un apoyo constante e incondicional. Estoy segura que sin ellos me hubiera sido muy difícil salir del túnel, como también sé que sin mi propia fuerza de voluntad y trabajo interior, no hubiera sido posible.

En este tiempo siento que he tomado perspectiva. Como si fuera un observador de ese pasado próximo que percibo ya tan lejano. He aprendido muchas cosas. Me conozco como no era capaz de hacerlo antes. Me he dado cuenta de mis valías y he abrazado mis miedos. Se que no soy perfecta pero si bella.

En este tiempo he conocido a un hombre maravilloso. Una tarde en la que no esperaba nada especial ni buscaba ningún encuentro. Fue algo totalmente espontáneo, fresco y sencillo. Que ha venido a mi vida en un momento en el que yo, me comprendo lo suficiente a mi misma, como para saber que estoy preparada para amar sanamente.

 

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7. Aquella carta que quedó sin respuesta

No hay mayor dolor que ofrecerlo todo y recibir silencio como respuesta

Esta es la carta que envié por email a mi marido después de dos semanas sin hablarme. y ni siquiera me contestó

11 de Noviembre de 2014

Sentada en el AVE pienso en ti. Si pudiera hablarte lo primero que te diría es que te quiero. Siempre te quiero, incluso en estos difíciles momentos. Si te escribo no es solo por mi necesidad de sacar todo lo que llevo dentro sino fundamentalmente porque sé que lo estás pasando mal, muy mal, tanto o más que yo. Sé que te gustaría hacer las cosas de otro modo y que el amor que sientes por mi, que es real y sincero, no lo consigue. No es culpa tuya, cariño, y no te quiero menos por eso.

Estoy preocupada, SI, profundamente preocupada pues me doy cuenta que tu y yo solos no conseguimos que episodios como estos, que son profundamente destructivos, no se reproduzcan. La última vez que pasamos por una situación parecida, la Semana Santa pasada, te dije que en otoño tendríamos otra “crisis” porque desde que estamos juntos cada cierto tiempo esta dinámica se repite.

No te lo recuerdo ni mucho menos para echártelo en cara sino simplemente para constatar que aquí estamos otra vez, intentando superar algo que ambos conocemos y que nos desborda. Y ¿sabes? No puedo quedarme quieta y callada. No lo he hecho antes ni lo voy a hacer ahora, cuando veo como una vez más la ilusión se diluye, lo compartido desaparece y lo construido con tanto esfuerzo se desmorona.  Aunque ahora estés detrás de un muro, no olvido como eres y cuanto te quiero por ello.

Sé que tu tampoco quieres perder esta batalla porque eres inteligente, potente y sensible y compartes en el fondo de tu alma lo que ahora te escribo. Lo que tienes que comprender, de una vez por todas, es que esto que te ocurre no es culpa tuya y que no es solo tu “lucha personal”, es también mi vida, mi reto, mi batalla y mi anhelo. No es cuestión de sentirte mal sino de sentirte valiente para reconocerte a ti mismo que algo que llevas haciendo quizás toda tu vida, que has interiorizado  y adoptado como propio (como un recurso para gestionar tu estrés, tus tensiones, tus desilusiones, tus frustraciones y tu dolor) es emocionalmente muy dañino.

Ese es el punto de partida y yo estoy contigo.Después tienes que creer que hay otras formas de gestionar las emociones y que la infelicidad y el vacío  que ahora sientes no se deriva de los problemas sino del bloqueo emocional al que te sometes. Tienes que creer que la falta de comunicación, el silencio, el desprecio, el encerrarse y el estar a la defensiva o atacando, jamas soluciona nada en una relación. Muy al contrario, todo eso conduce al fracaso y a la desvalorización  de las personas. Y muy importante, tienes que creer que no hay nada que no se pueda arreglar si tu quieres, pero si hay mucho que perder y mucho dolor que causar si no reaccionas. Y no pienso solo en nosotros dos sino también  en nuestros hijos. No te olvides de que no vivimos esta aventura en solitario y que nuestra responsabilidad de adultos es el no hacerlos sufrir y mantenerlos al margen.

Y ¿ como hacerlo? ¿Qué tal si empezamos por no decir nada?. Sabes que un abrazo es suficiente para volver a encontrarnos una semana atrás. Después, déjame estar a tu lado para juntos trabajar en esta realidad que tenemos. Tu para desaprender lo aprendido y buscar nuevas formas de gestión de las emociones que no te lleven al aislamiento sino a confiar en mí,  y yo para aprender a apoyarte en el proceso y acompañarte. Quizás no sea fácil pero es posible. Yo siento la fuerza, la ilusión y la voluntad para hacerlo. ¡¡ Y tu también !!….quizás no lo sientas ahora (la fuerza, la ilusión y la voluntad) pero NO DUDES EN NINGÚN MOMENTO de que las tienes. Mira dentro de ti porque ahí están.

Te quiero mucho

Sigue leyendo mi octava entrada de Blog : Sus hijos no son mis hijos pero los quiero

1. Cuando se rompió la convivencia

El maltrato psicológico o emocional va siempre en aumento. Evoluciona del “de vez en cuando” a frecuente y permanente. Hasta que decides romper la convivencia.

Hace dos años y medio nos separamos. Por aquel entonces él vivía en mi casa con la hija que tuvo en su primer matrimonio. La convivencia nunca fue fácil porque él siempre tuvo un carácter irascible y llevaba años sin convivir con sus hijos. De vez en cuando se enfadaba pero otros días estaba contento y relajado. Progresivamente los días buenos fueron desapareciendo hasta que la convivencia se volvió imposible. Su agresividad verbal era mayor ejerciéndola incluso delante de mis tres hijas.

Lo que me hizo plantearme echarle de casa fue que estuvo dos semanas enteras sin hablarme. El detonante fue que una noche se había acabado el pan bimbo. Montó en cólera. Me mandó ” a tomar por culo” y se levantó de la mesa donde estábamos todas cenando. Intenté hablar con él. Le dije que aquello no podía ser. Que no podía reaccionar así y que no estaba dispuesta a tolerar esa actitud hacia mi y mucho menos delante de mis hijas.

 

 

Enfrentarme a él hizo que me castigara con el silencio y la evitación durante las dos semanas siguientes. No era la primera vez que me maltrataba de ese modo pero si fue la vez que más se prolongó en el tiempo. Cada mañana le daba los buenos días y él ni me miraba ni por supuesto contestaba. Tampoco cuando regresaba a casa por las noches. Mis ¿Cómo estás, cómo ha ido el día, podemos hablar? no tenían respuesta. Opté por escribirle un email. En el mensaje le decía que lo que le ocurría no era normal. Que necesitaba ayuda psicológica y que yo estaba dispuesta a estar a su lado y a acompañarlo en el proceso. Le decía que le quería y que no me importaba ni el esfuerzo ni el tiempo que nos llevara conseguir apaciguar su mal carácter…pero que había que hacer algo pues así yo no quería vivir. Mientras tanto hablé de lo que ocurría con su familia. Buscaba su apoyo, su comprensión y su consejo.

Mi email no tuvo respuesta. Le di un margen de dos días para reaccionar pero nada…Así que me presenté delante de él y le dije que si no estaba dispuesto a hablar de lo ocurrido, que ya podía coger sus cosas y salir de mi casa. Entonces si reaccionó. Me miró y me dijo que era yo la que no quería hablar. Pensé que me estaba volviendo loca o que realmente me tomaba por una auténtica estúpida. En realidad no era ni una cosa ni la otra. Buscaba desestabilizarme con la incoherencia de su actitud y respuesta.

Aquello para mi fue demasiado. Por suerte llevaba más de un año en terapia (a la que acudí en un intento desesperado por conseguir ser más tolerante con el “carácter complicado” de mi marido y aprender a relajarme en los momentos complicados) y tuve la claridad mental para ver la manipulación de los hechos y el abuso.

Hablamos de separarnos. Yo tenía claro que con esa actitud de “a mi no me pasa nada” no seguía. Él pareció tomar las riendas y me dijo que era él el que no quería seguir con una mujer tan sensible, así que iba a hablar con sus otros dos hijos para irse a vivir con ellos y la niña (que vivía con noostros) y que lo haría en las siguientes dos semanas. Yo hablé con mis hijas y mis padres. Les dije que nos separábamos. Afronté lo que estaba ocurriendo.

Los días pasaban y cuando se acerco la fecha para su marcha le pregunté si ya tenía todo organizado. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que no pensaba irse, que no había hablado con sus hijos ni siquiera había buscado casa…él confiaba en que lo arreglaríamos. Sentí como si hubiera estado jugando al poker conmigo. Se marco el farol de “soy yo el que me voy” para después no tener ninguna carta.

Pero el día convenido se fue de casa porque yo tenía muy claro que sin que se sometiera a una terapia no seguía. Pasamos las Navidades separados pero nos vimos, hablamos y él parecía totalmente arrepentido. Estaba adorable, cariñoso, atento, cordial….Dijo que haría lo que hiciera falta para salvar nuestro matrimonio, que se había comportado mal, que le ayudara en el proceso de cambiar sus actitudes, que me quería como a nadie había querido, que por mi se había transformado en otro hombre, que aunque aún le quedaban muchas cosas por mejorar, conmigo estaba cambiando….

Así que volví a confiar en él. Me agarré como una posesa a ese cambio de actitud. Por primera vez reconocía que necesitaba terapia y había esperanza. Nos fuimos a hacer un viaje que ya teníamos planeado y decidimos que a la vuelta cada uno seguiría en su respectiva casa pero que íbamos a trabajar por reconstruir nuestra relación. Por supuesto el viaje fue estupendo. Volvía a ser el hombre del que me enamoré.

Empezó entonces nuestra etapa de separados – que ha durado dos años y medio- bajo la fórmula que comúnmente se conoce como “living apart together”. Cada uno en su propia casa y con sus respectivos hijos pero como pareja y haciendo terapia.

Sigue leyendo mi segunda entrada del blog: “Dos años y medio intentando un imposible”